Las ofertas se empiezan a ver, escuchar, oler y escupir.
El paso acelerado del porteño mete nitro.
Las abuelas salen, milagrosamente. Y gastan.
La gente planea viajes que casi nunca cumple
y en la costa se preparan para la avalancha.
En cielo se mentaliza para ser penetrado, petardiado.
Los perros ya se esconden debajo de la cama.
Y los villancicos comienzan a aturdir, aún sin sonar.
Llegó la primavera y todo es color.
Llegó la primavera con la piel sensual.
Pero a mi no me engañan. Yo lo veo todo.
A mi no me venden, aunque siempre compro.
Se va a otro año, se va... PUM!... se fue.

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